Luces, cámara y acción en la 905

Habitantes del barrio San Miguel se convirtieron en productores y actores

PAULIMAR RODRÍGUEZ

EL UNIVERSAL

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Más allá de ser una locación para la película Cyrano Fernández, el barrio San Miguel, Cota 905, acompañó con pasión cada minuto de la filmación.
(Kisaí Mendoza)

Cyrano subió hace dos años a la Cota 905. Y este mes él y todo el equipo que participó en la filmación de Cyrano Fernández llegarán de nuevo al barrio San Miguel de la Cota 905. La primera proyección del proyecto que dirigió el cineasta Alberto Arvelo la realizarán en el mismo patio de bolas criollas que sirvió para recrear escenas de la película venezolana.

La película Cyrano Fernández es una adaptación de Cyrano de Bergerac, y sus protagonistas son Edgar Ramírez, Jessika Grau y Pastor Oviedo. Sin embargo, el equipo encargado de realizar el largometraje y los vecinos del barrio afirman que es San Miguel -un sector que tiene 100 años de fundado- el verdadero protagonista de la obra.

Después de subir más de cien escalones, está la cancha de bolas criollas, que es llamada La Redoma. Allí, se reúnen los vecinos y hacen sus fiestas. También grabaron varias escenas de Cyrano. “En San Miguel dimos todo y mucho más. La gente humilde cuando quiere puede. Demostramos que el barrio tiene potencial cinematográfico. Claro que en el barrio puede haber peligro, pero nosotros le dimos toda la seguridad al equipo, que andaba hasta las cuatro de la mañana trabajando. Nosotros desterramos el mito de la inseguridad”, explicó Aleida Piñango, vecina del barrio y quien colaboró en la película como asistente de vestuario.

Antes de empezar la filmación que hicieron hace dos años, se convocó una reunión con los vecinos. Allí se les informó que comenzaría un rodaje en el sector. Una vez que llegaron las dos cámaras de 35 milímetros, el sistema de sonido, la maquinaria de dolly, los cables y otros utensilios, los vecinos de San Miguel también pusieron manos a la obra. Colaboraron con sus casas y las prestaron como estudios de maquillaje y vestuario o como sets de rodaje. También como lugar para celebrar cumpleaños de los artistas y hasta como guarida de descanso. Por ejemplo, la señora González está ansiosa por ver en la pantalla grande las lámparas de su casa, con las cuales terminaron el decorado de una escena de la película.

El búnker como deseo final
La madre de Ignarot García ofreció su casa como búnker para los artistas. Allí, las ocho personas que habitan tendrían que compartir su espacio para preparar el vestuario y el maquillaje. Pero, un mes antes de empezar a rodar, la madre de Ignarot murió. “Ella pidió que pasara lo que pasara no dejáramos de prestar la casa para colaborar con el proyecto. Esa fue una gran ilusión para ella”, afirma su hija.Y el deseo se respetó. De ocho personas en la casa, rápidamente pasaron a ser más de 25 personas. “Corrían de un lado al otro. Había ropa por todos lados. Así aprendí cómo se hacen las cosas en el cine. Todo lleva mucho trabajo”, explicó García.

“Trabajar en esa casa fue una de las experiencias más hermosas que hemos tenido. Estamos muy agradecidos. Incluso su casa fue utilizada para rodar una escena con la protagonista. Antes de comenzar a rodar la pe-lícula, hicimos un minuto de silencio por la señora García”, comentó Alberto Arvelo, director del largometraje.

Quiero ser foquista
La experiencia con el séptimo arte no finalizó para los habitantes de San Miguel una vez que se terminó de rodar Cyrano Fernández y recogieron todos los equipos. Para algunos, el cine se quedó en sus vidas como un nuevo proyecto de vida.Herinson Peralta nació en San Miguel. Fue sólo hasta que se realizó Cyrano que él se dio cuenta cuánto le gustaba una cámara. Pero no para posar en frente de ella, sino para utilizarla como herramienta de trabajo diario.

“Hablé con el asistente de cámara para que me enseñara y así, prender y apagar el aparato. Yo nunca había tenido una cámara en mis manos. Pero primero me tocó ayudar con otras cosas. Subí y bajé el catering, pero las cámaras me seguían gustando. Después, cuando terminó la película, seguí en contacto con el equipo. Me enseñaron a cambiar los lentes de la cámara, a desarmarla y armarla otra vez. Ahora he participado como asistente en comerciales y quiero estudiar para ser foquista”, dijo Herinson Peralta.

Los más pequeños, que ahora no son tan niños, también participaron en la película. “San Miguel tiene una fuerte presencia musical. Allí hay un grupo de tambores en donde participan los niños, que se llama Chiqui Tambor. Ellos aparecen en el film”, explica Arvelo.

Judith Romero, vecina del sector, recuerda lo grato de la experiencia del rodaje. “Todos los actores eran bellos. Me dieron un autógrafo y me tomé fotos con ellos”, comenta con orgullo.

Este febrero habrá otra vez una fiesta en La Redoma. Allí proyectarán por primera vez la película en honor a San Miguel, el barrio que por siete semanas vivió entre luces, cámara y acción, para vivir, palpar, sentir, la experiencia del cine.

fuente;eluniversal.com

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